Saltar al contenido
DE IMPERIOS A NACIONES

La batalla del Wolframio

La batalla del wolframio fue uno de los episodios más complejos y fascinante de la historia. Se caracteriza por se una guerra económica y diplomática de desgaste que situó a España y Portugal en el epicentro de la estrategia global de las potencias del Eje y los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. El protagonista de esta historia fue un mineral, conocido también como tungsteno, el cual pasó de ser un mineral secundario a convertirse en el «oro negro» de la contienda. Para Alemania era una materia prima de gran valor, sin ella, ésta habría colapsado mucho antes de lo que finalmente lo hizo.

El valor estratégico del tungsteno

¿Por qué tenía tanto valor este mineral para la Alemania nazi? Por la sencilla razón de sus propiedades para la industria militar. El wolframio es un metal de transición con características excepcionales. Primero posee el punto de fusión más alto de todos los minerales conocidos, alcanzando los 3422ºC, y una densidad de 19.25 g/cm3, comparable a la del oro. Su dureza y resistencia a la tracción lo hace ideal para la creación de aleaciones de acero ultrarresistentes que mantienen sus propiedades mecánicas incluso bajo condiciones de calor extremo.

Cristales de Scheelita. Este mineral es primordial para la obtención del Wolframio.

Para que nos entendamos, dentro de la Segunda Guerra Mundial, estas propiedades tuvieron dos aplicaciones militares criticas. En primer lugar, era esencial para la fabricación de herramientas de corte de alta velocidad, necesarias para la producción masiva de motores, cañones y piezas de precisión en las factorías industriales. En segundo lugar, y de manera más directa en el campo de batalla, el wolframio se empleó para fabricar los núcleos de los proyectiles perforantes de blindaje, como el famoso proyectil PzGr 40 alemán. Gracias al empleo de este mineral eran capaces de penetrar el blindaje de los tanques enemigos con mayor eficacia, además, de usar cañones de menor calibre capaz de destruir vehículos pesados a largas distancias.

Antes de 1939, el suministro global del wolframio estaba dominado por China y Birmania. Para que nos hagamos una idea Alemania, por esas fechas, compró 14.200 toneladas en total, de las cuales solo 119 procedía de España. Sin embargo, tras la invasión de la URSS por parte de Alemania y el eficaz bloqueo naval británico en el Atlántico y el Mar del Norte interrumpieron estas rutas de suministro para el Tercer Reich. Ante este aislamiento, Hitler no tuvo más remedio que recurrir a los yacimientos de la península ibérica, que albergaba las reservas más importante de toda Europa, situadas principalmente en el noroeste de España, mención especial a Galicia; y el norte de Portugal.

La «Gran Tentación» de Franco

La caída de Francia en 1940 marcó un punto de inflexión en la postura de España frente a la Segunda Guerra Mundial, Francisco Franco, alentado por las victorias alemanas, abandonó la neutralidad formal para declarar a España como «no beligerante», adoptando la misma retórica que Italia antes de entrar en la guerra. Este periodo, conocido como la «Gran Tentación», representó el momento de mayor acercamiento de la dictadura al Eje, motivado por el deseo de Franco de construir un imperio en África y la creencia de que la guerra terminaría pronto con una victoria alemana.

Reunión entre el general Francisco Franco y Adolf Hitler el 23 de octubre de 1940 en la estación de tren de Hendaya.

El 14 de junio de 1940, aprovechando el caos tras la evacuación de Dunkerque, tropas españolas ocuparon la ciudad internacional de Tánger. Al mismo tiempo, una delegación española negociaba con Berlín las condiciones para entrar en la guerra. La principal preocupación que tenía Gran Bretaña era la perdida del control de Estrecho, sí España tomaba la decisión de recuperar Gibraltar y fortificaba la costa del norte de África. Entonces, el Mediterráneo iba a estar controlado por el Eje.

Ni Alemania ni España previeron la férrea determinación británica de resistir ni el apoyo que llegaría desde Estados Unidos. Ante la desesperación de Winston Churchill, los Aliados decidieron jugar una carta económica decisiva. El 27 de julio de 1940 embargaron el petróleo a España.

El primer embargo de petróleo

A diferencia de otros embargos de la época que fracasaron, como el impuesto a Japón, el bloqueo petrolero a España fue un éxito rotundo. En este caso, Franco no comprendía del todo la gravedad de la escasez de materias primas que ya sufría Alemania. Pensaba que unirse al Eje era una opción viable y que sus necesidades estarían cubiertas. Grave error. El embargo del petróleo funcionó porque fue un baño de realidad. Al verse sin combustible y comprobar que Alemania no podía enviarle lo que necesitaba (gasolina, trigo, carbón), la percepción de Franco cambió.

Para paliar las escases, Franco escribió le exigió un lista de materias primas como condición para unirse a la guerra. Entre ello encontramos: 400.000 toneladas de gasolina, 600.000 toneladas de trigo o 200.000 toneladas de fueloil, entre otras materias primas como algodón, caucho, cáñamo o yute. Los alemanes rechazaron las peticiones de suministros, pues aún no consideraban que la intervención de España fuera imprescindible.

Esta falta de apoyo alemán dejó a España en una posición de extrema vulnerabilidad. El país, que apenas llevaba unos meses intentando recuperarse de una Guerra Civil devastadora, se enfrentó a los efectos dramáticos del embargo petrolero aliado. Sin reservas de crudo y con la economía al borde del colapso, España se vio obligada a sentarse a la mesa con Gran Bretaña y Estados Unidos. Los británicos asumieron el liderazgo de las conversaciones. Curiosamente, Franco prefería tratar antes con los británicos que con los estadounidense, debido a sus históricos lazos comerciales.

Las negociaciones avanzaron con fluidez y culminaron en un acuerdo histórico el 7 de septiembre de 1940. Bajo este pacto, los Aliados accedieron a suministrar petróleo y otros productos básicos esenciales para la supervivencia del país, pero bajo una condición innegociable, España debía mantener la neutralidad estricta en el conflicto.

La demanda de Wolframio

La estrategia de arrebatar el wolframio a los alemanes fue una iniciativa originalmente británica. Para Londres, el acero endurecido con este mineral era la columna vertebral de la maquinaria bélica nazi. Por ello, consideraba que asfixiar su suministro era una táctica tan vital como bombardear las propias acerías alemanas.

Los aliados, encabezados por Gran Bretaña y Estados Unidos, iniciaron medidas para impedir que Alemania obtuviera este preciado mineral. En principio, no podía impedir físicamente la extracción de mineral en suelo español, pero sí agotar las reservas de divisas alemanas y limitar su cantidad de wolframio que llegaba al Reich. ¿Cómo hacerlo? Con una sencilla política de compras preventivas. Esta consistía en que agentes británicos y estadounidenses empezaron a pujar agresivamente en el mercado abierto español y portugués, inflando los precios del wolframio con el objetivo de que los alemanes no pudieran obtenerlo. También probaron con sobornos y presiones diplomáticas sobre Franco.

Sin embargo, el camino hacia una acción conjunta no fue sencillo. Inicialmente, Estados Unidos se mostró escéptico, porque tenía acceso fácil a otros proveedores en América Latina (Brasil, Bolivia, Argentina, etc.). Además, contaba con abundantes reservas de molibdeno, un sustituto eficaz para la elaboración de aceros endurecidos. De hecho, Jesse Jones, jefe de la Reconstruction Finance Corporation, llegó a calificar la idea de las «compras preventivas» como algo «tonto».

Entonces, ¿Por qué compraron en lugar de prohibir su venta? Por la sencilla razón de que al ejercer una presión excesiva sobre España y Portugal terminara por empujarlos definitivamente a una manos de los alemanes. Ya los Aliados usaron el petróleo como arma de presión contra Franco, pero acabaron tomando el camino de la compra preventiva.

Antes de la guerra, la importancia de la Península Ibérica en este mercado era mínima. En 1939, Portugal aportaba el 8,3% de la producción mundial y España apenas un insignificante 0,7 %. Estos datos iniciales hicieron que Estados Unidos no prestara atención a la región en un principio. No obstante, las cifras de preguerra resultaron ser un espejismo. Con el avance del conflicto, la producción se disparó. Entre 1940 y 1944, Portugal produjo 22.000 toneladas y España 6.000.

Producción histórica del Wolframio (Fuente: Interempresas)

Ante esta realidad y la creciente presión británica, Estados Unidos cambió su postura. Empezó a considerar seriamente las compras preventivas a finales de 1941 y aceptó formalmente la política en febrero de 1942.

Reino Unido implantó el sistema Navicert, el cual limitaba la exportaciones españolas y portuguesas hacia Alemania. Para ello, todos los barcos con destino a Europa tenía que tener un «navicert», que era un documento expedido por el consulado británico donde especificaba la carga y el destino. Si un barco no contaba con este certificado en regla, la Marina Real los desviaba a la fuerza. Un medio con el que dificultaba la importación de wolframio por mar.

El sistema Portugués: Salazar y el Control del Wolframio

El 2 de enero de 1942, el dictador portugués y antiguo economista, Antonio de Oliveira Salazar, decidió tomar las riendas de la «fiebre del wolframio». Para ello tomó dos decisiones: proteger la neutralidad de Portugal y evitar que el caos económico del auge minero desestabilizara el país. Para ello, el 3 de febrero de ese año creó la Comisión de Metales de Portugal, un organismo encargado de centralizar y regular cada tonelada de mineral.

El sistema de Salazar funcionaba bajo una lógica de cuotas diseñadas para equilibrar las presiones de ambos bandos. Veamos. Por un lado, aquellos países que poseían minas en suelo luso, principalmente Gran Bretaña y, en menor medida, Alemania, tenían derecho a quedarse con la producción de sus propios yacimientos. Por otro lado, aquellos minerales extraídos de minas de propiedad portuguesa se repartía por decreto. Inicialmente, el 75% se asignó a Alemania, bajo el argumento de que los británicos poseían más minas propias. Sin embargo, los Aliados presionaron hasta conseguir que Salazar repartiera mitad y mitad.

Equipos y maquinarias de actividad minera de «Argozelo» (Fuente:Roteirodasminas)

La Comisión de Metales actuaba como un intermediario que generaba grandes beneficios para el Estado. Compraba el mineral a las minas controladas por Gran Bretañas, Estados Unidos y Alemania por 80.000 escudos ($3.200) y se los revendía a los mismos propietarios por 150.000 escudos ($6.000). Esta cifra incluía un suntuoso impuesto de exportación de 30.000 escudos. En cambio, el mineral comprado en aquellas minas «libres» era de 120.000 escudos ($4.800), pues los coste de producción era mayores. Luego, se revendía por el precio oficial de 150.000 escudos libre del impuesto de exportación.

Gracias a este sistema, Alemania garantizó un suministro de 2.800 toneladas anuales. No obstante, Portugal también se benefició del comercio con Alemania, pues no solo recibió dinero, sino también 60.000 toneladas de acero y fertilizantes, productos vitales para la economía portuguesa; y oro, el cual se estima que su valor oscila entre 50, 5 millones y 106,6 millones de dólares.

A pesar de las constantes quejas y presiones de Washington y Londres, Salazar se mantuvo fiel a este acuerdo comercial durante la mayor parte del conflicto. La exportación legal hacia Alemania no cesó hasta el 6 de Junio de 1944, coincidiendo con el desembarco de Normandía.

A pesar del control férreo de la Comisión de Metales, el sistema no era infalible. Bajo la superficie de la legalidad, floreció un extenso mercado negro. El wolframio se camuflaba con otros productos, se exportaba bajo nombres falsos y se cruzaba de contrabando hacia España, aprovechando que las zonas mineras de ambos países estaban conectadas geográficamente.

El sistema español y el estallido de los precios

En España nos encontramos con una diferencia clara con respecto a Portugal. Mientras Portugal imperaba una regulación de los precios, en España operaba bajo un modelo altamente competitivo y de libre mercado. Como mencionamos arriba el sector estaba dominado por un multitud de pequeños productores, en otras palabras, agricultores que cambiaron el arado por el pico para extraer el mineral. El gobierno de Franco adoptó una postura pragmática; se limitó a gravar la actividad y exigir licencias de exportación, dejando que la oferta y la demanda hicieran el resto.

Un punto de inflexión llegó en el primer trimestre de 1942, cuando Estados Unidos se unió decididamente al programa de compras. Esto provocó un aumento de la competencia entre el Eje y los Aliados, lo cual disparó el precio a niveles astronómicos. Observamos que en apenas dos años, el valor de la tonelada pasó de 12.500 pesetas (1941) a 160.000 pesetas (1943). El precio se multiplico por más de trece. La respuesta a la demanda fue rápida, la cual saltó de 159 toneladas en 1941 a un máximo de 906 toneladas en el segundo trimestre de 1943.

Estas pugna económica se organizó a través de dos entidades principales que actuaban como brazos ejecutores en el mercado español. Por un lado, Gran Bretaña operaba a través de la United Kingdom Commercial, mientras que Alemania era a través de su propia empresa, conocida como SOFINDUS.

Alemania operaba en España a través de un conglomerado de empresas fantasma y sociedades controladas por el consorcio SOFINDUS (Sociedad Financiera Industrial), dirigido por Johannes Bernhardt, un hombre de confianza del régimen nazi. SOFINDUS no se encargaba solo de extraer el mineral de las minas de Galicia, sino que gestionaba el pago de la deuda contraída por Franco durante la Guerra Civil mediante envíos sistemáticos de wolframio y otras materias primas. Para los alemanes, el mineral español era literalmente «como la sangre para el hombre«, según palabras del propio embajador alemán al ministro de Industria español, Demetrio Carceller.

Johannes Bernhardt

En un principio, los británicos adquirían cantidades modestas. Sin embargo, cuando observaron cómo la producción española aumentaba rápidamente para satisfacer la fuerte demanda alemana, Londres comenzó, a principios de 1942, a comprar todo el wolframio que le fuera posible con el objetivo de asfixiar el suministro nazi, sin importar el coste.

Por otro lado, en marzo de 1942, Estados Unidos creó la United States Commercial Company, para comprar todo el wolframio posible, al igual que su homóloga británica, para evitar que llegara a la manos de los alemanes. Sin embargo, su control interno fue complejo; mientras la Reconstruction Finance Corporation la gestionaba oficialmente, una junta independiente de guerra económica dictaba el rumbo de sus decisiones.

El impacto socioeconómico en la regiones mineras

Con el aumento de la demanda de este mineral, en las regiones productoras, especialmente en Galicia, Salamanca, Cáceres y el norte de Portugal, trajo consigo un prosperidad efímera pero intensa. En España vivían en un contexto de autarquía, hambre y miseria tras la Guerra Civil y miles de campesinos y jornaleros y pequeños propietarios acudieron en masa a las minas para dedicarse a la extracción de wolframio. La feroz competencia entre Gran Bretaña y Alemania por el control del mineral transformó la economía de la zona. Los precios en las minas españolas se duplicaron en cuestión de meses durante 1941, pasando de 12.500 pesetas a más de 25.900 por tonelada. El impacto de económico fue tal que en algunas zonas se vendían las vacas para convertir los establos en pensiones para los mineros, e incluso, apareció un poblado minero, llamado «Madrid chiquito«, el cual constaba de centenar de bares y varios cines y prostíbulos.

Grupo de mineros de Fontao (Fuente:Makeitmeme)

Las mujeres también participaron, cumpliendo un papel fundamental en las tareas de lavado, selección, transporte y servicios auxiliares tanto dentro como fuera de las minas. Los niños también colaboraban, pero en el contrabando a través de la frontera portuguesa. En principio, era al revés. Hubo un contrabando considerable de wolframio de Portugal a España, aproximadamente pasaron 818 toneladas a través de las frontera entre enero y agosto de 1943. Sin embargo, la caída de los precios en España invirtió el flujo hacia Portugal. Este mercado negro existió hasta agosto de 1944, cuando los alemanes abandonaron la frontera española y se rompió la ruta terrestre entre Iberia y Alemania. Este mercado se beneficiaron tanto los alemanes como los Aliados.

Este clima de «fiebre» dio paso a la corrupción de alcaldes, caciques y mandos de la Guardia Civil, quienes a menudo participaron activamente en las redes de extracción y comercialización.

El impuesto a la exportación

El gobierno español si que sabían como sacar partido de la situación. El 7 de enero de 1943 anunciaron un aumento del impuesto de exportación. Pasó de 5.000 dólares por toneladas a 15.000. Sin embargo, tantos los alemanes como los Aliados protestaron por la subida y lograron reducir el impuesto a 10.000 dólares.

Este aumento del impuesto era beneficioso para los propósitos de los Aliados, quienes busca cortar el comercio alemán. Sin embargo, protestaron por esa subida. También, es posible que protestaran, porque en principio, los beneficios de sus compras eran para los pequeños productores, campesinos y trabajadores corrientes, mientras que los impuestos iban directamente a los bolsillos del gobierno.

¿Cómo se pagaba el mineral?

El wolframio se convirtió en un mineral extremadamente costoso. Para comprarlo, ambos bandos tuvieron que recurrir a métodos creativos. Por un lado, los Aliados utilizaron un sistema basado en el control de suministros vitales. Gravaban con impuestos las exportaciones, especialmente el petróleo y los fertilizantes, hacia España. Sin embargo, permitieron que el gobierno español acumulara dólares en bancos estadounidenses y, cuando fue necesario, enviaron cargamentos de oro físico.

Los nazis lo tuvieron mas complicado. Ante la falta de divisas, los alemanes llegaron a utilizar billetes extranjeros robados o falsificados y también enviaron oro. Más adelante, veremos como adquirieron más pesetas para la compra de este preciado mineral.

El colapso del mercado del Wolframio y su recuperación

A mediados de 1943, el mercado del wolframio en la Península Ibérica alcanzó su punto de máxima ebullición. Durante el segundo trimestre de ese año, los precios llegaron a niveles nunca vistos, impulsados por la desesperada necesidad alemana y la estrategia de compra de los Aliados. Sin embargo, este auge estaba a punto de desmoronarse.

Tras un ligero descenso inicial, los precios sufrieron un desplome total entre el tercer y el cuarto trimestre de 1943. ¿El motivo? Los alemanes se quedaron sin pesetas para comprar. Al perder sus capacidad de compra, la presión competitiva desapareció de golpe.

Al ver que Alemania no podían comprar más mineral, los Aliados abandonaron el mercado. Dejaron de comprar a los precios desorbitados, que ellos mismo habían alimentado. Este movimiento coordinado de salida provocó que el valor de wolframio cayera en picado, terminando así con la etapa más lucrativa para los productores locales.

Sin embargo, España no estaba dispuesto a perder la «gallina de los huevos de oro». Para evitar que el lucrativo mercado de wolframio se detuviera, el régimen de Franco ideó una astuta solución que permitió a Alemania seguir comprando mineral a pesar de su falta de liquidez.

El 28 de agosto de 1943, ambos países alcanzaron un acuerdo clave. Alemania aceptaba cancelar la enrome deuda que había contraído España por la ayuda recibida durante la Guerra Civil a cambio de un saldo inmediato en pesetas. Además, de la condonación de la deuda, los alemanes se comprometieron a entregar equipo militar a cambio de pesetas. Es interesante este punto, porque el hecho de que Alemania cediera armas en un momento crucial en que libraba una batalla desesperada contra la Unión Soviética en el frente oriental subraya la importancia crítica que tenía el wolframio para su maquinaria de guerra.

También implementó una discriminación de precios. Para los alemanes les cobraba un precio «bajo» al aceptar como pago la cancelación de la deuda, cuyo valor de mercado era muy discutible. Si Alemania perdía la guerra, es muy probable que nunca hubiera podido cobrar ese dinero, por lo que su valor nominal era superior a la real. En cambio, a los Aliados seguía cobrándoles los precios astronómicos del mercado, porque estos contaban con fondos y divisas fuertes.

Aquí, el único que ganaba era España, pues al subvencionar a los alemanes, pudieron mantener la competencia alta y seguir extrayendo el máximo beneficio posible de los adinerados Aliados, asegurando que la «fiebre del wolframio» no se apagara. Como sucedió a mitad de 1944, con el consiguiente repunte de los precios.

El segundo embargo del petróleo y el pulso final (1944)

A principios de 1944, la paciencia de los Aliados se agotó. No solo estaban frustrado por los precios astronómicos del wolframio y la maniobra del gobierno español para cancelar la deuda con Alemania para seguir financiándola, sino que también tenía un nido de espías alemanes en el territorio que vigilaban el Estrecho, daba trato de favor a aviones nazis que aterrizaban en suelo español, mantenía tropas españolas en el frente ruso (la Legión Azul) y su prensa era abiertamente pro-Eje.

Frente a estos hechos, los Aliados comenzaron a trazar un segundo embargo de Petróleo a España. Más, cuando el Departamento de Estado de EE.UU. quería cortar totalmente el suministro de wolframio antes del Día D. En cambio Gran Bretaña quería ser más cautelosa, pues éstos dependía del comercio con España y no querían dañar sus intereses financiero a largo plazo. No obstante, estaban dispuestos a colaborar en un principio.

El 22 de enero de 1944 comenzó el segundo embargo de petróleo. España respondió con una prohibición oficial de exportaciones de wolframio a Alemania, pero sabemos que este comercio siguió fluyendo en secreto. En febrero y abril, cientos de toneladas llegaron a Alemania mientras Madrid pedía «fórmulas para salvar las apariencias» y apelaban a su derecho a comerciar como nación neutral.

Este embargo provocó un choque directo entre los Churchill y Roosevelt, hasta tal punto que el primero amenazó con romper la unidad aliada y firmar un acuerdo por separado con Franco para suministrarle petróleo. Rooselvet no entendió que Gran Bretaña tenía intereses comerciales con España, por tanto se jugaba mucho más que ellos.

El presidente estadounidense Flanklin D. Roosevelt y el primer ministro británico Wiston Churchill durante la Conferencia de Casablanca (Fuente: Perfil)

Ante esta presión, Estados Unidos capituló. El 2 de mayo de 1944 se alcanzó un acuerdo que permitía a España exportar cantidades mínimas de wolframio (20-40 toneladas mensuales). Sin embargo, el contrabando, ayudado por funcionarios españoles y pagado con oro alemán, logró burlar estas cuotas con más de 500 toneladas extra. No obstante, el embargo surtió algo de efecto, puesto que consiguió expulsar a espías alemanes, cerró el consulado alemán en Tánger y la prensa española suavizó su tono pro-nazi.

Al final esta batalla de wolframio se resolvió en el campo de batalla. En agosto de 1944, cuando los alemanes se retiraron de la frontera española tras el avance de los aliados en Francia, la ruta comercial terrestre se cortó. La demanda de wolframio colapsó instantáneamente, los precios se desplomaron y la larga guerra económica en suelo ibérico llegó a su fin.

El balance estratégico: ¿Fue un éxito la compra preventiva?

Aunque el programa de compra preventivas de los Aliados logró disparar los precios y dificultad el acceso de Alemania al mineral, su efectividad real es un tema a debatir. El principal obstáculo fue la elasticidad de la oferta: la producción en España respondió con tanta rapidez a los altos precios que siempre parecía haber mineral disponible, lo cual hizo que tanto británicos como alemanes tuvieran serias dificultades para sostener sus niveles de compra.

Esta situación provocó un intenso debate interno en el gobierno de Estados Unidos. Muchos funcionarios cuestionaban si el enorme gasto de fondos públicos realmente estaba asfixiando la maquinaria de guerra nazi o si, por el contrario, el programa solo servía para estimular artificialmente la producción minera y enriquecer al régimen franquista y a los pequeños productores españoles.

Sin embargo, podemos decir que fue todo un éxito. Se estima que el programa de compras de los Aliados logró reducir las adquisiciones alemanas de wolframio español en aproximadamente un 30%. Aunque no fue un bloqueo total, esta reducción del suministro se considera lo suficientemente significativa como para justificar el coste del programa y calificar la estrategia de guerra económica como un triunfo frente al Eje.

Conclusión

La batalla del wolframio puede decirse que fue una de las guerras económicas más determinante de la Segunda Guerra Mundial, donde un mineral estratégico transformó a la Península Ibérica en un tablero de ajedrez geopolítico.

En principio, el wolframio era un mineral segundario hasta convertirse en el «oro negro» para Alemania. Sus propiedades excepcionales lo hacían indispensable para fábricas alemanas y, sobre todo, para la fabricación de su armamento. ¿Qué hubiera ocurrido si España y Portugal no hubiera suministrado este mineral? Posiblemente, la maquinaria bélica nazi habría colapsado mucho antes.

Hemos vistos, que dentro de esta guerra hubieron dos modelos de gestión. Por un lado, Portugal optó por controlar los precios a través de una comisión e implantaron cuotas, utilizando el mineral para equilibrar su neutralidad y obtener a cambio acero, fertilizantes y oro de Alemania. En cambio, España aprovechó el mercado libre, permitiendo una competencia salvaje que atrajo a miles de campesinos a las minas, lo que disparó su producción y multiplicó los precios por trece.

El texto revela como tuvieron que ejerce presión a estos países neutrales, concretamente a España con los embargos de petróleos. El primero en 1940, consiguiendo que España fuera neutral; y la segunda en 1944, que fue menos eficaz, pero consiguió mermar la influencia de los nazi en España.

Uno de los puntos claves fue la capacidad de España para «ordeñar» a ambos bandos. Sobre todo, cuando Alemania se quedó sin dinero para comprar más mineral e idearon una estrategia para seguir comercializando. Ya sea con la cancelación de la deuda contraída como con una discriminación de los precios.

En cuanto a la estrategia de los Aliados fue un existo, pues lograron reducir el suministro alemán en un 30%, agotaron las reservas de divisas y oro del Tercer Reich y evitaron la entrada de España a la guerra. En definitiva, aunque España fue la gran ganadora económica al aprovechar la oportunidad de negocio, los Aliados lograron su objetivo de asfixiar la producción industrial de Hitler mediante el agotamiento en suelo ibérico.

Bibliografía

[1]GARCÍA DEL AMO, D., y ANTÓN LÓPEZ, L. (2018). Lobos sucios y la batalla desconocida: La fiebre del wolframio en Galicia durante la Segunda Guerra Mundial. 100cias@uned, (11), 100-103. https://contenido.uned.es/ciencias/revista/Lobos_sucios_la_batalla_desconocida.pdf
[2]LÓPEZ-DAFONTE SANJUÁN, J. M. (2025). El Wolframio en Galicia durante la Segunda Guerra Mundial, una visión global: economía, política y conflicto. Estudios Históricos. https://www.estudioshistoricos.com/wp-content/uploads/2025/09/wolframio.pdf
[3]LUGILDE, A. (22 de enero de 2026). Wolframio: el «oro negro» de la minería en España durante la Segunda Guerra Mundial. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/dinero/20260122/11442283/wolframio-mineria-espana-segunda-guerra-mundial.html
[3]National Archives and Records Administration. (15 de agosto de 2016). RG 84: Portugal. Holocaust-Era Assets. https://www.archives.gov/research/holocaust/finding-aid/civilian/rg-84-portugal.html
[4] ROCKOFF, H; CARUANA, L. (2000), A wolfram in sheep´s clothing: economic warfare in Spain and Portugal, 1940-1944, Working Paper, No. 2000-08, Rutgers University, Department of Economics, New Brunswick, NJ. https://www.econstor.eu/handle/10419/94297
[5] THOMAS, J. M. (2023), La batalla del wolframio, Cátedra, Madrid.