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De Imperios a Naciones

El mito de Hermafrodito

Del hijo de Hermes y Afrodita, Hermafrodito, deriva la palabra hermafrodita para referirnos a aquellos organismos que poseen ambos sexos, masculino y femenino. En Grecia un Hermafrodito era un efebo con senos de mujer, en ningún caso fue un ser con los dos órganos sexuales femeninos y masculinos. El cabello largo no era considerado un rasgo de mujer, pues los jóvenes griegos llevaban larga cabellera hasta bien entrada la adolescencia. El mito que conocemos es de Ovidio y se encuentra en su obra Metamorfosis. En él nos cuenta que Hermafrodito era un muchacho normal, el cual poseía tanto la belleza de su madre como el vigor de su padre.

Hermafrodita durmiente en el Louvre. Escultura en mármol de estilo griego, copia romana del siglo II a.c, de un original helenístico del siglo II a.c, restaurada en el 1619 por David Larique.

Ovidio nos relata que un día el joven Hermafrodito llego a una fuente situada cerca de Halicarnaso. Era una fuente de agua tibia, la cual le tentó a bañarse. Hasta aquí todo bien, pero resultó que en la fuente habitaba una ninfa, Salmacis, quien se enamoró locamente de su gran belleza. Salmacis invitó a Hermafrodito a entrar con ella a la fuente, pero éste, que no conocía lo que era amar, le rechazó. La ninfa ardida en deseo por poseerle huyó, pero no muy lejos. Ésta se escondió detrás de unos setos que estaban cerca de la fuente. Hermafrodito creyendo estar solo, se desvistió y se metió en el agua. Salmacis, al verlo desnudo, se excitó aún más y se lanzó hacia él enroscándosele como una serpiente y arrancándole besos a la fuerza.

Jan Gossaert – “Hermafrodito y Salmacis” (hacia 1517, óleo sobre tabla.

Hermafrodito buscaba escapar, pero Salmacis imploró a los dioses que su unión fuera eterna. Los dioses escucharon sus suplicas y ambos se unieron en una forma. Aquí surge el verdadero Hermafrodita, pues el joven sale de las aguas con su sexo viril, pero con senos femeninos; con su belleza, pero con rasgos de la ninfa. No se parecían nada a ellos, pero eran el uno y el otro. Hermafrodito, al ver el cambio de su cuerpo y la falta de fuerzas por sus miembros afeminados, imploró venganza y rogó a sus padres que aquel que se bañase en estas aguas saliera de ellas medio hombres y con ello perdieran su vigor.

Bibliografía

[1] SÁNCHEZ, C. (2005), Arte y erotismo en el mundo clásico, Siruela, Madrid.
[2] OVIDIO NASÓN, P. (2002), Metamorfosis, traducción de Ana Pérez Vega, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmccz361
[3] DE LA MAZA, F. (1985), La erótica homosexual en Grecia y Roma, Oasis, México.