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De Imperios a Naciones

El descubrimiento de la ciudad de Troya

Heinrich Schliemann

Todos conocemos la legendaria ciudad de Troya por ser uno de los escenarios donde transcurrió una de las guerras más antiguas del mundo clásico. Ésta se dio en la ciudad en la que recibe su nombre, Troya. Fue una guerra que enfrentó a aqueos y troyanos. Asimismo, el famoso caballo de Troya, icono de la guerra, fue una estratagema elaborada por el rey de Ítaca, Odiseo. A consecuencia de esta astuta estrategia los aqueos se alzaron con la victoria. Sin embargo, ¿Qué pasaría si en realidad no fuera un caballo de madera sino una embarcación?

Francesco Tiboni planteó hace años la posibilidad de que el caballo de Troya en realidad fuese una embarcación que los antiguos griegos llamaban Hippoi. Según esta tesis, el Hippoi traspasando la muralla de Troya acabó por convertirse, en tiempos de Homero, en un caballo de madera, mientras que el significado original de hippos desapareció con la traducción.

Ahora bien, ¿cómo sabemos de los acontecimientos que se dieron en la guerra de Troya? Primero, por el conjunto de doce narraciones épicas de los siglos VII, VII y VI a.C. conocido como el Ciclo Troyano. En él tenemos las dos únicas obras conservadas completas: La Ilíada y La Odisea. Son dos obras donde su autor, Homero, nos relata dos episodios de la Guerra de Troya. La ira del guerrero Aquiles por la ofensa realizada por el rey Agamenón y la muerte de Patroclo causó la vuelta al combate de Aquiles para acabar matando al príncipe troyano Héctor. El resto de los sucesos escritos se han ido perdiendo con el transcurso del tiempo. Aún así, Proclo enlazó los fragmentos conservados creando un relato completo de historias dispares, en el que conseguimos arrancar algunos detalles más de lo ocurrido en Troya.

Imagen de la introducción del caballo de los griegos en la ciudad de troya
Representación del caballo de Troya

En segundo lugar, por los documentos hititas, que nos desvelan más datos sobre la Guerra de Troya. Las veinticinco tablillas, desenterradas en las excavaciones de Hattusa, son documentos que han ofrecido una información rica de los contactos de los Ahhiyawa y el Imperio hitita. Ahhiyawa es un término hitita empleado para referirse a los griegos. Del mismo modo, los términos de Wilusa, Alaksandru o Priiamuua se refieren a un territorio, Ilion, y a personajes como Alejandro y Príamo.

Los acontecimientos de la Guerra de Troya forman parte de la mitología, de la leyenda, fruto de la imaginación de los autores. Igualmente, se pensó que la propia ciudad de Troya también formaba parte de esa imaginación; que nunca había existido dicha ciudad. Sin embargo, gracias a una persona entusiasta de las obras de Homero, quien fielmente creyó en lo que había escrito sobre los sucesos de Troya, se aventuró a descubrirlo.

¿Quién descubrió la ciudad de Troya?

A día de hoy los investigadores admiten que en los restos de la colina o, mejor dicho, en el tell (elevación artificial formada por la superposición de ruinas de edificaciones en diferentes épocas) de Hisarlik se ubica la ciudad de Troya. Sin embargo, este yacimiento cuenta con nueve niveles de ocupación con subfases y remodelaciones. ¿Cuáles de esos niveles pueden pertenecen a la Troya de Homero? Según los investigadores los niveles VI y VII.

Esta ciudad estaba situada a unos 5 kilómetros del estrecho de los Dardanelos. El topónimo que recibe el estrecho viene de Dárdano, hijo de Zeus y Electra, fundador de la ciudad de Troya. Posee una localización estratégica, en la cual ejercían un control del tráfico marítimo del mar Egeo al mar Negro, y era un centro de comunicación entre Occidente y Oriente. Esta posición geográfica explicaría la prosperidad que viviría la ciudad y lo apetecible que tenía que ser para sus vecinos hititas y aqueos.

Mapa de la Tróade, donde se aprecia la posición de la ciudad de Troya

Heinrich Schliemann, a parte de descubrir Micenas, descubrió la ciudad de Troya. Sin embargo, antes de él hubieron otras personas que ya señalaron el lugar como emplazamiento de la Troya homérica. Ya en 1801, Edward Daniel, afirmó que los restos arqueológicos hallados en la colina de Hisarlik pertenecían a la ciudad de Ilion. En 1822 Charles Maclaren publicó un libro, en el cual formuló que la Troya homérica podría estar ubicada en Hisarlik. Incluso, Johmn Brunton y Frank Calvert llegaron a excavar en Hisarlik, siendo los primeros en hacerlo.

Frank Calvert era el dueño del montículo de Hisarlik. Durante su excavación halló restos del templo clásico de Atenea y la muralla erigida por Lisímaco, pertenecientes a la ciudad helenística. A pesar de que su descubrimiento fue todo un éxito, se quedó a escasos metros de hallar la ciudad del rey Príamo. Calvert propuso a Schliemann asociarse, donde uno ponía el dinero y otro el yacimiento.

El gran descubridor de la que posiblemente fuera la Troya homérica fue Heinrich Schliemann (1822-1890), un comerciante alemán y apasionado de los relatos homéricos. Además, fue un arqueólogo amateur convencido de poder hallar la legendaria ciudad del rey Príamo. Schliemann se casó con Sofía Engastromenos, una mujer griega de diecisiete años.

Fotografía de Schliemann descubridor de Troya
Heinrich Schliemann ( CC BY-SA 3.0 )

Schliemann antes de centrarse en Hisarlik descartó Bunarbashi. La razón por la que descartó esta emplazamiento fue sencillo, en él no se podían dar tres vueltas en un día. Para que nos entendamos, Schiliemann imitó lo que Aquiles hizo con el cuerpo de Héctor de dar tres vueltas a la ciudad de Troya en día. Al no cumplí con lo que Homero dejó escrito rechazó Bunarbashi como posible localización de Troya.

Tras descartar Bunarbashi, Schliemann dirigió su interés a la colina de Hisarlik. El principal motivo que lo llevó a este lugar fue Calvert, quien le orientó a raíz de los descubrimientos que ya había realizado. En abril de 1870, sin tener aún los permisos de excavación, Schliemann comenzó a excavar en el centro de la colina de Hisarlik.

Sus trabajadores fueron atravesando niveles de asentamientos hasta toparse con los restos de una ciudadela pequeña destruida por fuego. La “ciudad quemada” como Schliemann solía llamar a estos restos fue lo que le llevó a pensar que aquella ciudad sería la gobernada por el rey Príamo. No obstante, fue un error, ya que este nivel se conoce como Troya II y está fechado en 2300 a.C., más de mil años antes de los acontecimiento de la Guerra de Troya. Sin embargo, la convicción de Schliemann de que Troya II era la Troya de Príamo, Helena o París se reforzó cuando descubrió el famoso Tesoro de Príamo.

Según Schliemann, el 31 de mayo de 1873 desenterró, junto a su esposa, un conjunto de objetos preciosos. A día de hoy sabemos que la narración sobre el descubrimiento del tesoro, que se asoció rápidamente a Príamo, está llena de falsedades, como la estancia de su esposa en el yacimiento en el momento de su descubrimiento. Finalmente, el tesoro fechado entre 2670 y 2570 a.C resultó ser 1500 años más antiguo que la época de la Troya homérica (hacia el 1250 a.C. o 1209 a.C.). Otro descubrimiento que le hizo pensar que sus afirmaciones eran correctas fue el hallazgo de la base de una torre, conocida como la torre de Ilium.

Fotografía del tesoro de Príamo encontrado por  Heinrich Schliemann
Tesoro de Príamo

Schliemann halló diez niveles de ocupación. En cambio, ha sido acusado de causar numerosos destrozos y ser un ladrón de tesoros. Como ya sabemos, Schliemann no era un arqueólogo profesional, por lo que sus métodos de excavación eran poco ortodoxos. Segundo, no prestaba atención a aquellos restos que dataran posterior a la guerra de Troya, por lo tanto acababan, en muchos casos, destruidos. En tercer lugar, Schliemann sacó tesoros de Turquía a Grecia, por lo que tuvo que pagar por ello. Los tesoros nunca llegaron a engrosar su economía, a pesar del alto coste de sus excavaciones. Es más, el Tesoro de Príamo fue donado al museo de Berlín. Aquí desaparece a finales de la Segunda Guerra Mundial y reaparece en 1990. El gobierno de Rusia reconoció que se hallaba en el sótano del Museo Pushkin de Moscú, donde actualmente se expone.

A finales de su carrera Schliemann comienza a tener más cuidado con su metodología. Incluso acabó reconociendo su error de creer que Troya II fuese la Troya homérica. Este cambio de mentalidad se debió, primero a Dörpfeld y segundo, por la coincidencia del tipo de cerámica hallada tanto en Micenas y Tirinto como en los niveles VI y VII, lo cual significaba que pertenecía aproximadamente al mismo periodo. Se dio cuenta demasiado tarde, ya que el daño ya estaba hecho. Muchos de los restos de estos niveles fueron destruidos o desechados.

Finalmente, Schliemann fallece en 1890. Sus restos se encuentran enterrados en Atenas en el Primer Cementerio. Su descubrimiento demostró que lo narrado por Homero no era producto de su imaginación, sino que cabe la posibilidad de que estuviesen inspirados en un verdadero conflicto entre troyanos y griegos, cuyo escenario principal fue Troya.

Bibliografía

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[2] VIDAL, J. (2015). “Arqueología de Troya”. Desperta Ferro, (30).
[3] BRYCE, T. (2015). “El papel político de Wilusa. Troya en la Anatolia de finales de la Edad del Bronce”. Desperta Ferro, (30).
[4] SIEBLER, M. (2005). La guerra de Troya: mito y realidad. Barcelona: Ariel.
[5] RUIZ, D., “El caballo de Troya era un barco de origen fenecio”, LaVarnguardia, el 03 de noviembre del 2017.
[6] CLINE, E. (2013), La guerra de Troya, Madrid, Alianza.