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DE IMPERIOS A NACIONES

¿Quién teme a los griegos y a los romanos?, Maurizio Bettini

No hay libro que sea más apropiada de leer para entender cuál es la importancia que tiene el estudio de las Humanidades en el sistema educativo y cultural. Sobre todo, de aquellos que quieren acabar con ello. ¿En qué momento hemos permitido que aquellos textos que considerábamos los pilares sagrados de la civilización occidental esté sometido a juicio sin precedentes en las aulas de todo el mundo? ¿Por qué el mundo contemporáneo está rompiendo el diálogo con los clásicos? ¿Qué peligro suponen el griego y el latín hoy? ¿A qué le tenemos miedo exactamente cuando leemos a los antiguos? Estas preguntas y más son resuelta en el nuevo libro de Maurizio Bettini, ¿Quién teme a los griegos y a los romanos? En defensa del dialogo con los clásicos (Alianza editorial).

Maurizio Bettini, autor (Fuente: DAGRS)

Para quienes no lo conozca, Bettini es profesor de clásicas y escritor. Da clase de Filología Clásica en la Universidad de Siena, aunque mantiene seminarios en la Universidad de California en Berkeley. Entre sus obras en español encontramos Elogio del politeísmo o Homo sum, donde anticipaba su interés por rescatar de la Antigüedad aquellos elementos que nos interpelan directamente en nuestra modernidad líquida. También cuenta con el Premio Mondello en 2004 por su novela Le coccinelle di Redún.

El origen de este libro se encuentra en la experiencia del autor como docente en la Universidad de California, Berkeley. En el prefacio, nos relata como él se enfrentó a preguntas y resistencias por parte de los estudiantes que percibían en los textos antiguos una carga ideológica incompatible con los valores contemporáneos de justicia social y corrección política. El autor percibe que ha habido una interrupción del diálogo con los clásicos y el resurgir de un miedo a los griegos y romanos cuando nace una percepción de estos como los arquitectos del racismo, el sexismo y la opresión que ha marcado la cultura occidental durante siglos.

El autor argumenta que ese miedo, es en realidad, un temor a la historia y al pasado mismo. Nos hace ver como en el ámbito académico han pasado de venerar a los clásicos como modelos de perfección moral incuestionables a una cancelación, donde buscan eliminar o reescribir obras clásicas por no ajustarse a su sensibilidades actuales.

En los primeros capítulos el autor reconstruye el significado profundo de los términos que vertebran la comunicación humana. De ahí, que en el primer capítulo aborda el concepto de dialogos. Para ello emplea el De divinatione de Cicerón para explicar que el diálogo no es simplemente una charla, sino un proceso de ir «detrás de la palabra» para encontrar una verdad compartida o, al menos, un espacio de entendimiento. En el capítulo dos, recurre a Platón para defender que la sabiduría (phrónesis) y la inteligencia (noús) solo brilla entre personas capaces de debatir sin acritud.

Bettini analiza cómo el latín y el griego guardan en sus palabras la clave de nuestra relación con el tiempo y el saber. Además, el autor advierte que el hecho de cancelar a los clásicos estamos borrando piezas fundamentales de nuestra enciclopedia cultural, lo cual nos lleva a alejarnos inevitablemente de la verdad sobre nuestra propia identidad, es decir, quiénes somos y de dónde venimos.

Lo interesante de este libro es que el autor entra de lleno en el debate político, donde nos define dos movimiento: la cancel culture y el decolonizing classics. El autor reconoce las razones históricas de estos movimientos y admite que, en el pasado, también se pecó de una voluntad de cancelación hacia otras culturas. No obstante, critica la simplificación que estos movimientos operan sobre el legado clásico.

Para el autor el error está en lo que identifica como «la fascinación de la sinécdoque«, la cual es una figura retórica que consiste en tomar la parte por el todo. En el caso de los clásicos, se toma una parte inaceptable para condenar el todo de la civilización grecorromana. Para el autor, ve que esta operación es intelectualmente deshonesta y culturalmente suicida, ya que ignora la complejidad de las fuentes y el hecho de que estos mismo textos contienen las herramientas críticas para denunciar la opresión.

¿Por qué al principio dije que si tuviera que recomendar un libro sería este? Por que en sus 206 páginas de una prosa ágil y capaz de instaurar un diálogo socrático con el propio lector, nos hace ver que sin los griegos y los romanos, sin una comunicación con ellos no solo perdemos nuestro pasado, sino también nuestro futuro, pues son ello quien nos aporta la base de nuestra gramática mental, nuestro derecho, ética e imaginación literaria.

El autor aboga por la necesidad de enfrentarnos a esas sociedades que son radicalmente diferente a nuestros valores, pero que al mismo tiempo son nuestros antecesores, y del cual aprenderemos a mirar dentro de nosotros mismos y a cuestionar nuestras propias suposiciones culturales.

Podemos sacar de su lectura la necesidad de que la educación defienda un revisión profundamente crítica con aquello que consideramos inaceptables de nuestra historia, más que ocultarlas. Con ello, no estamos diciendo que justifiquemos la esclavitud o el sexismo antiguo, sino entender cómo surgieron, cómo se codificaron en el lenguaje y cómo podemos dialogar con esas fuentes para no repetir los mismo errores. En definitiva, si eliminamos a los autores clásicos, estamos perdiendo la oportunidad de estudiar aquellos errores que arrastramos del pasado.