Seguramente Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador, es uno de los personajes más célebres de la historia medieval de la península ibérica. Es el indiscutible protagonista de numerosas novelas, películas, series de animación e, incluso, videojuegos. Es muy probable que la imagen que la mayoría tiene de él sea la de aquella mítica superproducción de Hollywood protagonizada por Charlton Heston, o la de la adaptación más reciente encarnada por Jaime Lorente.
Sin embargo, la figura que conservamos hoy en día es aquel producto de la leyenda, a partir de la construcción de relatos ficticios y mitos nacionales. A lo largo del tiempo, la figura histórica ha sido moldeada y empleada recurrentemente por el poder para construir una idea concreta de «patria». Esta instrumentalización llega hasta nuestros días, donde políticos como Pedro Sánchez ha evocado o ha intentado asimilarse a su figura para proyectar un relato de épica y resistencia.
Dejando a un lado la superproducciones cinematográfica, la leyenda y los discursos políticos, cabe preguntarse ¿Quién fue realmente el hombre de carne y hueso que se esconde tras el mito?

Para encontrar la respuesta, nos debemos de alejar de ese personaje mitificado y encontrar el verdadero Cid, el Histórico. Para ello, contamos con un libros imprescindible de David Porrinas González, El Cid. Historia y mito de un señor de la guerra (Desperta Ferro). En este libro no encontramos un mera biografía del Cid, sino un análisis estructural que deconstruye la leyenda romántica para restituir al lector la imagen del verdadero Rodrigo Díaz de Vivar. Un punto clave de este libro es que emplea fuentes documentales, tanto cristianas como andalusíes. Gracias a ellos consigue superar esa clásica visión de nuestra protagonista establecida por Ramón Menéndez Pidal en su celebre La España del Cid.
David Porrinas González es licenciado, investigador y profesor de la Universidad de Extremadura. Su tesis doctoral, titulada Guerra y caballería en la plena Edad Media. Condicionantes y actitudes bélicas, Castilla y León, siglos XI-XIII. Es un gran experto en cuestiones relacionadas sobre la guerra y la caballería en la Edad Media, así como del El Cid Campeador. Entre sus publicaciones y participaciones está la edición de un libro colectivo titulado ¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista (Desperta Ferro).
El libro se compone de nueve capítulos en el que integran el trascurso vital, militar y póstumo de Rodrigo Díaz. En el primer capítulo el autor nos explica las claves de la Plena Edad Media y el complejo mosaico político de las taifas y los reinos feudales que marcaron la vida de Rodrigo. En los seis capítulos siguientes recorre la trayectoria completa de nuestro protagonista, desde sus raíces familiares y sus inicios en la corte, pasando por la dureza de su primer destierro como mercenario en tierras musulmanas, hasta su transformación definitiva en un poderoso señor de la guerra que logra conquistar y gobernar la ciudad de Valencia. Finalmente, el libro concluye con un recorrido por esa construcción del mito del Campeador a partir del siglos XII, analizando obras tempranas como el Poema de Almería, la Crónica Najerense y, de manera primordial, el Cantar de mio Cid. Este análisis continua con la primera edición impresa del cantar de gesta a cargo de Tomás Antonio Sánchez en 1779, atraviesa las reelaboraciones nacionalistas del siglo XIX, detalla la apología ideológica realizada durante el franquismo y termina con las manifestaciones contemporáneas del Cid en el cine, las producciones televisivas de plataformas de streaming y videojuegos.
El libro nos ofrece una relectura, alejada de las simplificaciones historiográficas tradicionales, como que Rodrigo Díaz de Vivar actuaba motivado por un proyecto político o de carácter protoreligioso o protonacional, cuando su trayectoria responde al arquetipo de líder militar pragmático que opera en un espacio de frontera desprovisto de un control estatal efectivo. Su supervivencia y su enriquecimiento dependía, exclusivamente, de su capacidad para ejercer la violencia de manera sistemática y organizada, utilizando la extorsión de las parias y el saqueo normativo como herramientas de financiación de su hueste personal.
En el libro vemos también reflejada la crudeza de la guerra del siglo XI, caracterizada por la guerra de asedio, la destrucción sistemática de cosecha y las incursiones rápidas destinadas al empobrecimiento moral y material del enemigo. El Cid aparece retratado como un brillante general, pero implacable, capaz de emplear el terror y la tortura contra la población civil para forzar capitulaciones.
Este libro se convierte en mi opinión un excelente libro de consulta obligatoria para todos aquellos que quieran acercarse al conocimiento del verdadero Cid. El autor consigue despojar esos atavió mitológicos que engrandecieron la figura del Cid, para engrandecerlo aún más al mostrarnos a uno de los mayores líderes militar y estratega más sobresaliente de la Edad Media peninsular. Un autentico maestro de la guerra psicológica, excepcional táctico de frontera y un audaz señor de la guerra que logró fundar su propio principado soberano en el corazón de al-Ándalus.
