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De Imperios a Naciones

Historia natural de la religión – David Hume

David Hume nos muestra una crítica a la religión en dos de sus obras: Historia Natural de la Religión y Diálogos sobre la Religión Natural. En ellas une y separa la crítica clásica de autores como Epicuro y Cicerón, así como de la Contemporánea, desde los ilustrados hasta la filosofía analítica. Las obras nos muestran cómo Hume ha vivido la intolerancia religiosa frente a la omnipotencia de la razón. Entendió que la razón tenía que someterse a la efectividad, mientras que la religión podía lograr la paz social. Es por ello que debe encontrarse en el orden socio-político, es decir, la religión debe estar al servicio de la concordia social y de la paz pública. Un punto importante en la crítica sobre la religión es la prueba de la existencia de Dios.

Vida y obra

Una de las cuestiones que nos hacemos es ¿Quién es David Hume? David Hume nace en Edimburgo el 26 de abril de 1711 en el seno de una familia acomodada.  En 1713 muere su padre y su madre se encarga sola de criarlo a él y a sus otros dos hermanos hermanos, John y Katherine. Desde muy joven tiene una inspiración por las letras con la lectura de autores clásicos como Cicerón. No obstante, su familia le encaminará al estudio de la leyes, que comienza en Edimburgo y sin obtener grado académicos. Hume era calvinista e iba todos los domingos a misa, pero dejará sus prácticas religiosas en la adolescencia.

Su vida transcurre entre Londres y Edimburgo, excepto algunos años en Francia. Se dedicó a la escritura y revisión de su obra, pero también realizó encargos oficiales como la dirección de la Biblioteca del Colegio de Abogados de Edimburgo. En una de sus carta nos remarca su buena cuna y la falta de dinero familiar con el objetivo de resaltar al final su posición opulenta gracias a sus escritos y esfuerzos, y no gracias a la herencia familiar. Desde su nacimiento, su vida está marcada por grandes acontecimientos, como la Revolución Gloriosa de 1688 o la declaración de independencia Americana, previa a la Revolución Francesa.

Hume en una carta nos habla de un nuevo escenario de pensamiento entre 1729-1730. Aunque no se sabe con certeza qué fue lo que causó esos nuevos pensamientos, algunos autores sostienen como principio el descubrimiento de la física de Newton que, aplicada a las realidades humanas, podía llegar a desarrollar una ciencia de la naturaleza humana. Ésta se encargaría de explicar el modo de ser de los hombres para el fomento del progreso de la humanidad. En cambio, algunos autores mantienen que la perspectiva naturalista de algunos clásicos griegos y latinos le permite explicar la situación humana al margen de las doctrinas teológicas defendidas tanto por las confesiones religiosas como por las corrientes filosóficas.

Otras fuentes de la que bebió Hume de joven le pudieron haber inspirado en sus pensamientos y en su estilo de escritura y de filosofar: la filosofía del sentimiento y la filosofía británica del sentido común , la cual le pudo llevar a la composición del Tratado de la naturaleza humana, un intento por introducir el método de razonamiento experimental en las cuestiones morales.

Escribe los dos primeros libros del Tratado en Francia, donde bebe de la filosofía de Descartes y de Malebranche. También se nutre del ambiente católico, del cual extrae ejemplos para su obra. En su tercera visita a la ciudad tiene contacto con Rousseau y el pensamiento ateísta de algunos autores ilustrados. Rousseau y él tendrán una breve amistad, que se rompe cuando Rousseau publica una obra polémica contra Hume, respecto al pensamiento de éste sobre el ateísmo.

Otras de las obras que realiza mientras se encuentra como encargado de la Biblioteca es Historia de Inglaterra (1754-1762), que se compone de seis volúmenes. El modo de contar la historia de Gran Bretaña refleja algunos aspectos de sus filosofía. Uno de los más importantes es la visión secularizada y naturalista de los acontecimientos, es decir, no interpreta los acontecimientos como fruto de una providencia, sino como hechos que responden a un proceso natural, en el cual se pueden descubrir programas y consecuencias parciales.

Otras obras de Hume son Appendix, Investigación sobre el intelecto humano (1748), Investigación sobre los principios de la moral (1751) Y la Historia natural de la religión (1757), donde nos muestra una historia deductiva de la evolución de las distintas formas de religiosidad. Finalmente, al dianosticársele una enfermedad intestinal se retirará al campo, donde su vida acabará a los seis meses, el 25 de agosto de 1776. No obstante, en ese periodo de tiempo intentó publicar todas sus obras y sobre todo Diálogo sobre la Religión natural.

Tumba de David Hume en Old Calton- Edimburgo

Análisis de Historia natural de Religión

El filósofo escocés, David Hume, nos hace un crítica religiosa exponiéndonos el origen, así como la influencia perjudicial de la religión en la vida de los hombres. En esta obra nos muestra una evolución, desde la aparición de la religión politeísta hasta el monoteísmo más refinado.

Estatua del filósofo David Hume

La razón

Hume, en su ensayo Historia natural de la Religión, parte de dos cuestiones fundamentales: una hace referencia “a su fundamento en la razón”; la otra, “a su origen en la naturaleza humana”. El fundamento racional de la religión se encuentra en la necesidad del hombre de explicar el orden del mundo. Aquellos que se acercan a la religión suelen aceptar la idea de que el orden requiere un autor inteligente. Esta idea del creador es consecuencia de la influencia de Newton y los newtonianos al pensar que el orden del universo es la manifestación de una inteligencia suprema. En ese momento se mantiene la unidad de Dios, porque Hume piensa que el orden de la naturaleza hace que la mente humana reconozca a un solo autor.

Las pasiones

El fundamento de la religión en la naturaleza humana se encuentra en la preocupación del hombre por querer explicar los acontecimientos de la vida que observa a su alrededor, como enfermedades, la venganza, la muerte, la felicidad, los fenómenos ambientales, etc. Estas causas afectan al ser humano de aumentando su ánimo de pasiones, de esperanza y de miedo, es decir, esperanza de que no se vuelva a repetir y el miedo de que vuelva a suceder. La falta de conocimiento de las causas hacen que éstas sean desconocidas y se conviertan en objeto de sus esperanzas y miedos.

Agitados por la esperanza y miedos de esta naturaleza, especialmente por lo segundo, los hombres escudriñan con temblorosa curiosidad el curso de las causas futuras y examinan los diversos y contrarios sucesos de a vida humana. Y en este inquieto escenario, con ojos aún más inquietos y asombrados, ven las primeras, oscuras trazas de divinidad.

Los humanos, al no comprender, se dejan llevar por la idea de un ser, creado a su semejanza, pero que acaba sometiéndose ante esos seres invisibles, dotado de inteligencia y poder. Ante la incompresibilidad de estos seres se dota por identificarlos con objetos sensibles, es decir, primero con la naturaleza y luego, con estatuas, imágenes o pinturas. Además, al ser seres semejantes a nosotros están limitados, por lo cual no son capaces, individualmente, de expandirse a todos los ámbitos de la vida humana. Por ese motivo, los guerreros invocan a Marte o los mercaderes a Ceres. También se les dota de atributos, como el dios de la guerra que es violento, cruel e impetuoso. Es fácil comprender que los politeístas de otros países asignen los atributos de los dioses que se iban encontrando en otros lugares, porque todo esto emana de la tendencia de la naturaleza humana al dotar a los dioses de características de los hombres.

David Hume nos dice que el principio de la religión es el politeísmo, del cual surge el monoteísmo al imponerse un único dios a los demás. No podemos pensar que el monoteísmo fue primero que el politeísmo, porque éste surgió del orden del mundo descubierto por la razón. Hume dice que mantener que la religión monoteísta es la primera de la humanidad es ir en contra del principio de la mente.

La mente se va elevando gradualmente de lo inferior a lo superior

Afirmar el argumento anterior es como decir que los hombres primitivos, que eran ignorantes, descubrieron la verdad, y al adquirir conocimiento la perdieron. Este nuevo ser, aún teniendo idéntica naturaleza que las otras divinidades, los gobierna con autoridad, como un soberano gobierna a sus súbditos. Esto nos da la idea de que el ser supremo ejerce como soberano de los cielos.

Por otro lado, Hume nos expone que la compresión de único soberano hace que el hombre eche mano de nuevo en intermediarios, dando lugar a agentes subordinados que se interpongan en las relaciones entre los hombres y la divinidad; y por tanto, volviesen al politeísmo. Es por ese motivo que la historia de la creencia religiosa es la historia del flujo y reflujo del politeísmo y del monoteísmo.

Asimismo, Hume nos deja claro que la religión politeísta fue la más ventajosa para la humanidad por cuatro razones:

Primero, por la tolerancia, porque al limitar el poder y funciones de las divinidades, admiten, de forma natural, que los dioses de otros territorios poseen también una parte de divinidad, lo cual permiten que sean compatibles entre sí.

Los romanos solían adoptar como suyos los dioses de los pueblos que conquistaban, sin poner en duda los atributos de las divinidades de los territorios en los que residían

En contra posición nos encontramos al monoteísmo, porque al tener a un solo Dios no se puede aceptar la existencia de otro que participe de ese carácter. De ahí, como buen nos enumera Hume, la intolerancia de los judíos, mahometanos, zoroastros y cristianos con sus persecuciones inquisitoriales, excepto los ingleses y holandeses que son obligados por magistrados civiles a ser tolerantes.

Segundo, por los tipos de virtudes, porque cuando los dioses son un poco superiores a los hombres, éstos se atreven a rivalizar con ellos, teniendo como consecuencia la práctica de virtudes activas, como el coraje, el entusiasmo, etc.  En cuanto el dios es superior a los hombres, se produce un estado de sumisión, dando lugar a la práctica de virtudes pasivas, como la mortificación, la humildad o la penitencia.

Tercero, por su respeto a la razón, ya que si no se acude al politeísmo no se produce conflicto. En cambio, el monoteísmo hace uso de ella para el establecimiento de una única divinidad y para la defensa de grandes absurdos que la razón no puede satisfacer la cual, si es ignorada, sí acaba en conflicto. Un ejemplo son las persecuciones por herejía de aquellos que defienden el principio de la razón.

Por último, por su escasa presión sobre las almas de la gente. El politeísmo, al no basarse en la tradición, no gozaba de unos dogmas. En cambio, el monoteísmo, al apoyarse en la escritura, poseía unos dogmas que actuaban con rigidez sobre el ánimo de los hombres.

El fundamento de la religión en las pasiones cuenta con dificultades, como la infelicidad que provoca al hombre. Hume se centra en la religión falsa, sobre todo su doble forma de superstición y fanatismo. En primer lugar, nos dice que la superstición a aparece por el miedo más que por la esperanza, ya que la esperanza se convierte en alegría y con esa alegría el hombre piensa que el bien es algo que nosotros merecemos, sin cuestionar el posible autor de ese bien, es decir, no piensa en la religión. Sin embargo, cuando el mal es seguro aparece el miedo y con el miedo la tristeza. Hume nos dice que con este estado de ánimo el hombre se comienza a cuestionar para averiguar las causas que provoca ese terror. Según él, la consecuencia de ese miedo es lo que lleva al hombre a buscar cualquier medio para aplacar esos poderes secretos de un ser inteligente, del cual dependemos nuestra suerte.

Hume se centra en la superstición por ser la causa de la infelicidad del hombre, ya que ésta nace del miedo. En este caso, si la creencias religiosas nacen del miedo, lo que causa es un aumento del terror y tiene el efecto en los hombres de llenar de alabanzas a sus divinidades.

Una vez que el pánico haya hecho presa en el alma, la fantasía multiplicará todavía más los motivos de terror.

No obstante, estas alabanzas no llenan de bondad a la divinidad, sino de poder y sabiduría. A mayor poder y sabiduría le de el hombre con sus alabanza mayor es el miedo que sienten, porque presuponen que ningún secreto queda escondido al escrutinio del ser divino y que sus sentimientos más escondidos son descubiertos por la divinidad. Al mismo tiempo el hombre tiene un conflicto interno al pensar en secreto unos actos crueles de la divinidad que no se atreve a expresar, pero lo manifiesta como medidas perfectas y adorables. Hume expone que todo esto provoca en aquellas personas supersticiosas un sentimiento de infelicidad.

Nuestros terrores naturales nos presentan la noción de una deidad diabólica y maliciosa; más, por otro lado, nuestras propensión a la adulación nos lleva a adoptar la noción de un ser excelente y divino.

Moral

Hume considera que la religión corrompe la moral. Mantiene que la corrupción se encuentra en la prácticas frívolas que usa el hombre para ganar el favor del ser divino, sin pensar en usar el ejercicio de la virtud, el cual cree que es lo único que puede ser agradable a un ser perfecto. Pero, ¿cómo define él la virtud? David Hume entiende por virtud toda cualidad o acción del alma que va acompañada de la aprobación general de la humanidad. En otras palabras, la acción del alma que produce al hombre en cuestión un sentimiento agradable de aprobación. No obstante, Hume nos muestra que el hecho de que la virtud sea una cualidad que provoca agrado no es suficiente para el hombre religioso que quiere ganarse la protección de la divinidad. Estos hombres piensan que el agrado solo satisface a la sociedad o a nosotros mismos, pero no a la divinidad. Por ejemplo, el hombre que cumple como hijo, padre, amigo o los deberes que un hombre debe cumplir solo tiene que ver para con la sociedad o para con nosotros. A pesar de ser acciones que están cargadas de méritos son acciones que estamos obligados a realizar y, por ello, son seculares, no religiosas.

La mayoría, seguirán buscando el favor divino, no mediante el ejercicio de la virtud y de la buena moral […] Sino mediante frívolas observancias, o haciendo gala de un celo desmedido, de arrebatos de éxtasis, o creyendo en opiniones misteriosas o absurdas.

En cambio, piensan que aquellas cualidades que sean agradables a la divinidad tienen que ser desagradables para el hombre. Tales cualidades como el celibato, el ayuno, la mortificación, el silencio, la humildad, etc. Hume expone que estas cualidades no benefician el hombre en la vida mundana, pero sí que le beneficia en conseguir el favor divino y como recompensa obtiene protección y seguridad en este mundo y felicidad en la vida eterna. Con todo lo anterior nos deja claro que la religión no promueve la sana moral, sino que la pervierte, ya que necesita generar una nueva y superficial especie de mérito. Incluso, tenemos momentos donde las mayores barbaries son cometidas por los hombres más religiosos con la excusa de estar los intereses de la religión en juego. “Después de que los crímenes son cometidos, tienen lugar remordimientos y horrores secretos que no dan tregua  a la mente, sino que obligan a recurrir a ritos y ceremonias como expiación de sus ofensas”.

Auto de fe de la Inquisición, Francisco de Goya, 1812-1819, Óleo sobre tabla, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, España

Finalmente, D. Hume nos dice que los métodos usados por el hombre religioso dota a la divinidad de toda una serie de caprichos. Por ejemplo: atrocidad y capricho son dos cualidades que forma el carácter dominante del ser supremo en las religiones. Esto se debe a que cuanto más terror infunde la divinidad más sumisos y dóciles son los hombres con los ministros eclesiásticos, quienes nos darán la dirección espiritual en caso de que abandonemos nuestra razón natural.

En conclusión, Hume en este libro nos expone una historia sobre la evolución de las distintas formas de la religiosidad, es decir, desde el politeísmo inicial hasta la llegada del monoteísmo. En ello subraya la violencia que emana del fanatismo y el dogmatismo, que se ampara en principios espirituales y sobrenaturales. Finalmente, recalca la imposibilidad de progreso con el intrusismo de la religión en distintas instituciones civiles.


[1] J .A. MERCADO (2008), “Hume, David”, Philosophica, consultado: https://www.researchgate.net/publication/324504881.

[2] J. L. Fernández (2002), “Hume: Crítica de la religión natural”, scripta theologica 33, 465-493.

[3] D. Hume (1992), “Historia natural de la religión”, tecno, Madrid.

Imagenes: By Allan Ramsay – http://portraitnation.wordpress.com/2011/04/15/ramsay-and-hume/, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1367760.