Saltar al contenido
DE IMPERIOS A NACIONES

Partenón, Mery Beard

Solemos imaginar el Partenón como una instantánea estática: una ruina blanca, inmaculada y eterna que corona Atenas, símbolo indiscutible de la democracia y la civilización occidental. Sin embargo, en su breve ensayo El Partenón, la clasicista británica Mary Beard toma un mazo intelectual para demoler esa imagen esterilizada. Lo que emerge de los escombros no es solo un templo griego, sino un edificio vivo, cicatrizado y testigo de una historia mucho más turbulenta y fascinante de lo que nos cuentan las guías turísticas.

Beard escribe la biografía de un edificio que ha sido muchas cosas antes que un monumento turísticos. Su libro es una invitación a mirar más allá de las columnas dóricas y entender cómo cada generación ha proyectado sus propios deseos y obsesiones sobre el mármol del Pentélico.

Uno de los grandes aciertos de Beard es desmontar el mito de la pureza helénica. El libro nos recuerda que el Partenón fue, durante casi mil años, una iglesia cristiana y, posteriormente, una mezquita otomana durante dos siglos. Gracias a este uso el edificio se conservó casi intacto durante milenio, lleno de vida y gente. Descubrimos que no fue el tiempo quien lo destruyó, sino la guerra moderna. Beard narra con pulso dramático el fatídico año 1687, cuando un cañonazo veneciano impactó de lleno en el polvorín que los otomanos habían instalado en su interior, destripando el edificio y convirtiéndolo en la ruina romántica que conocemos hoy.

Un tema estrella del libro son los mármoles de Elgin. Beard gran parte del texto analizar el traslado de los frisos y esculturas al Museo Británico a principios del siglo XIX. Lejos de caer en un maniqueísmo simple de héroes o villanos, la historiadora ofrece una mirada pragmática y llena de matices.

Si bien reconoce las dudosas maniobras legales de Lord Elgin y la brutalidad con la que se arrancaron las piezas, también plantea una verdad incómoda: la fama mundial del Partenón como icono global se debe, en gran medida, a su presencia en Londres. Beard navega por el espinoso debate de la repatriación sin dar sermones, analizando cómo el edificio se ha convertido en un peón político entre la identidad nacional griega y el concepto de museo universal británico.

Otros de las temas que toca es el escándalo de la limpieza de los años 30. Bajo la presión del millonario Lord Duveen, quien creía erróneamente que el mármol griego debía ser blanco impoluto, el Duveen ordenó una limpieza agresiva de las piezas.

Beard detalla con horror cómo los operarios utilizaron cepillos de alambre de cobre y carborundo para raspar la superficie de las esculturas. El resultado fue catastrófico, eliminaron la pátina histórica de color miel y borraron detalles escultóricas irremplazables para satisfacer una fantasía estética moderna. Este episodio, que el museo intentó ocultar durante décadas, sirve a la autora para cuestionar quién tiene realmente la autoriada moral sobre estas piedra.

Hacia el final del libro, Beard pone el foco en el pasado y en la agresiva campaña de restauración que sufrió la Acrópolis. Nos invita a cuestionarnos qué es lo que estamos viendo realmente hoy en día. ¿Es el Partenón original o una fantasía arqueología reconstruida para satisfacer las expectativas del turista moderno?

La autora señala cómo se han borrado deliberadamente las huellas de su pasado cristiano y musulmán, con la destrucción de mezquita en su interior, para devolverlo a una supuesta pureza clásica que, paradójicamente, nunca existió de esa forma.

El Partenón de Mary Beard es mucho más que un libro de historia del arte. Es un ejercicio de escepticismo inteligente. Con su prosa ágil, erudita pero accesible y, a menudo, cargada de un fino humor británico, Beard consigue que las piedras hablen.

Es una lectura obligatoria para quien planee visitar Atenas, pero también para cualquiera que quiera entender cómo construimos la historia. Beard nos enseña que el Partenón no es un milagro sagrado intocable, sino una estructura humana, imperfecta y maravillosa, que ha sobrevivido a imperios, religiones y explosiones para contarnos, si prestamos atención, quienes hemos sido a lo largo de los siglos.