Paremos un segundo y pensemos en la siguiente pregunta: ¿Cuántas voces se han perdido para siempre del mundo antiguo? Sabemos que entre un 98 y el 99% de la producción literaria del mundo clásico ha desaparecido. Si a ese porcentaje, que de por sí es desolador, pensamos en cuántas son de mujeres, entonces, todavía es aún más catastrófico. ¿Sabrías decirme cuántas escribieron o dejaron algún testimonio? Lo más seguro es que no sepas contestarme. Pero no te preocupes porque para ello contamos con el nuevo libro de Cristina Rosillo López, Romanas. Voces rescatadas (Desperta Ferro)

La autora, catedrática de Historia Antigua en la Universidad de Pablo de Olavide y especialista sobre la República Romana y la historia de las mujeres en el mundo antiguo, nos trae un libro muy interesante, pues rescata la historia del mundo romano contada exclusivamente a través de fuentes escritas por mujeres. No consiste en añadir mujeres al relato tradicional, sino busca cambiar el punto de vista, hacer una relectura del Imperio romano, pero desde una perspectiva femenina. Para ello emplea aquellas voces que conservamos de ellas. Tarea que nos es nada sencilla, pero de la que emerge un mundo mucho más complejo de lo que solemos conocer.
En el libro no encontramos solo las voces de aquellas mujeres de la élite romana como Pompeya Plotina (esposa de Trajano), Ulpia Marciana, Matidia la Menor o Vibia Sabina (esposa de Adriano), sino también de artesanas, propietarias, libertas o esclavas. Estas inscripciones las encontramos en lápidas, papiros, tablillas o en las paredes de las casas, además no solo aparecen escritos en latín, sino en osco o en palmireno, por ejemplo.
A raíz de su lectura, el Imperio deja ser exclusivamente masculino y también exclusivamente itálico. Conocemos que el Imperio Romano fue un espacio globalizado con inscripciones que muestran matrimonios mixtos como el de una mujer de Britania y un hombre de Siria.
Uno de los aspectos que más me ha interesado es cómo el libro recorre ámbitos que solemos dar por sentado como masculinos como el ejercicio del poder, la cultura o la economía. ¿Hubo mujeres historiadoras? ¿Existieron mujeres propietarias? ¿Los gladiadores tenían familia? ¿Hubo mujeres en los campamentos militares? Aunque nos pueda parecer mentira, la respuesta es sí.
Quizá lo más sugerente del libro no sea solo lo que cuenta, sino lo que obliga a repensar. Ten en cuenta, «querida lectora, querido lector», que la mayor parte de la historia del Imperio romano se ha construido obviando la voces de las mujeres, por tanto tenemos, en realidad, una historia incompleta. Gracias a este libro se rellenan parte de esos huecos vacíos. Otro aspecto que me parece interesante son los pequeños interludios que hace sobre diversos temas que enriquecen aún más la lectura. Temas como el número de textos perdidos sobre el mundo romano, cómo han conseguido llegar a nuestros días las obras antiguas o la cantidad de inscripciones en latín que conservamos.
Destaca su lectura ágil y amena, con algunas referencias a la actualidad y muchas imágenes que la hace más visual. Al cerrar el libro uno tiene la sensación de haber ampliado el campo de visión. El Imperio romano sigue siendo el mismo, pero ya no lo vemos desde el mismo ángulo. Y eso, para quienes nos dedicamos a contar el pasado, es quizás lo más valioso.
