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De Imperios a Naciones

Viviendo con un historiador.

Año 2015. La selectividad no va como quería y cambia la carrera de Bellas Artes por Historia. A veces el destino es así: te quita lo que más deseas en ese momento para darte algo que va a cambiar tu vida radicalmente y para bien (para variar). Juan realmente tenía miedo de entrar en la universidad; con una base pobre debido al bajo nivel de su colegio hacer una carrera era algo que le venía grande, que nunca acabaría o, por lo menos, era lo que todos decían.

Sin embargo, a fecha de hoy, Juan está a 6 asignaturas y un título de inglés de acabar la carrera de la que se ha convertido en una de sus mayores pasiones (después de mí ok): la Historia.

¿Qué tengo yo que ver en todo esto? Simplemente: apoyo. Si hay algo de lo que entiendo es de inseguridades. Soy la persona menos proactiva y la más insegura del mundo y sé cuanto se sufre por ello, así que no iba a permitir que su ilusión muriese por palabras vanas. Así, cada vez que le decían no yo le decía sí, y cada vez que le decían que Historia era una carrera sin futuro yo le decía que sería él mismo quien hiciese su futuro (no tan cheesy).

El apoyo moral es muy importante en todos los proyectos. Juan seguía su pasión y yo lo animaba cada vez que su voluntad tambaleaba y, a día de hoy, puedo decir que estoy orgullosa y mínimamente… arrepentida.

Información a esportones.

Madre mía. Qué cantidad de fechas. Cuántos nombres. Y dinastías. Y LIBROS. Vivir con un historiador, amigos míos, y más si tiene ojos de corderito degollado, es agotador.

A pesar de que la historia no ha sido una asignatura que haya odiado, tampoco ha sido una de mis grandes pasiones (culpo de esto a mis profesores de la ESO). Por tanto, puedo escuchar hablar de historia y en muchos casos me parece interesante pero a veces, y creo no exagerar, 2, 3 o hasta 4 horas casi diarias de historia hacen que me explote el cerebro.

Llega un momento en el que no sé de dónde viene la conversación. Puedo preguntarle sobre un símbolo que vemos en algún edificio y acaba explicándome la Primera Guerra Púnica en toda su amplitud y, por lo general, olvido lo que pregunto y la explicación del principio.

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Sin embargo, la forma en la que Juan narra la historia es encantadora y, a veces, muy divertida. Habla con tanta pasión que parece que él mismo esté reviviendo los relatos que cuenta y ¡ay madre! como esas historias sean de Roma ya lo perdimos.

A mí, personalmente, me faltan cosas por las que emocionarme, así que ver con qué pasión e ilusión habla de la historia es algo que siempre me alegra el día.

Las salidas ya no son como antes.

Siempre he sido una persona muy casera, pero con un novio historiador si hay algo que se pueda visitar hay que salir.

Me gusta visitar museos y hacer turismo cuando viajo, pero no tengo la vista crítica que tiene él. Por eso, cuando visitamos un museo, una visita que yo haría en 1 hora se vuelven TRES. Además, si salimos con tiempo, saca a la luz sus ojos del gato con botas de Shrek y, claro, ¿quién dice que no? Y así nos dirigimos al siguiente museo más cercano.

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Si salimos a pasear las librerías se convierten en lugares de peregrinación. Las mismas librerías. Con los mismos libros. Pero meeeeehhh, me entretengo viendo los libros de idiomas y listo. Finalmente, cuando voy con un poco de miedo de que al final se lo haya tragado una estantería escucho la frase que he escuchado durante estos últimos cuatro años como un mantra:

“Pequeeee… he visto un libro ( ͡º ͜ʖ ͡º)”

Que se traduce en: “soy pobre, cómpramelo”; y yo respondo: “yo también soy pobre, te jodes”. Aunque muchas veces me apunto los títulos y elijo uno o dos (depende el precio) para regalo de reyes, cumple, santo, etc.

Este mantra no es exclusivo de las librerías y Amazon es el culpable. Bueno, Amazon y los trabajos de la universidad (PONED MÁS LIBROS HDP @UMA)

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Pero bueno, ya fuera de las salidas matutinas quiero introduciros a las nocturnas. Recuerdan las charlas de 3 horas, ¿verdad? Pues un Juan borracho es un historiador ultra híper mega last level súper saiyan. Si sobrio no para imaginen borracho.

Esta situación se vuelve mil veces más divertida en sus reuniones familiares en las que, cuando los tíos que viven fuera vienen al pueblo, siempre se acaba hablando de historia y política. Es desternillante (suena cringe, pero poner descojonante está feo).

El tío de Juan y su padre, uno de derechas y otro de izquierdas (no diré cuál es cuál por motivos oBvios) y ambos con sus ideas muy fijas , discutiendo con hechos históricos y Juan, siempre en medio recibiendo de ambos lados cuando intenta hacer alguna aclaración histórica. Mientras, las dos hermanas hablan de sus cosas, el primo de Juan juega a la consola o se queja porque tiene sueño y yo escucho a los hombres, muerta de risa a veces y vigilo que la gata no se escape. Esas son mis noches favoritas.

La convivencia es… peculiar.

Durante casi 4 años hemos vivido juntos en Málaga por la universidad y, vivir con un estudiante de historia es, por decirlo suavemente, singular.

Hay algo que hay que aceptar con orgullo y es que generalmente los hombres ODIAN cocinar. No me digan que no: todos hemos visto mil vídeos de hombres sufriendo al cocinar un huevo frito.

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Yo, por otro lado soy un biahe vaga (lo escribo mal para que entiendan mi acento andaluz). Barrer y fregar son las cosas que más pereza me dan en el mundo, así que de forma inversa es como nos repartíamos las tareas (entre otras).

Vivir con un estudiante de historia es dejarte la garganta para que deje los apuntes y vaya a comer porque me he pasado UNA hora cocinando y por mis muertos que esa comida nO SE COME FRÍA.

Muchas veces me he despertado y preguntado “¿dónde está éste?”. Después de buscarlo me lo veo en su cuartito, con los cascos o tapones puestos y moviendo las manos más que un guardia de tráfico.

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Siempre me ha parecido divertida su forma de estudiar y más cuando no se daba cuenta de que lo estaba mirando. Más de una vez me he ganado algún que otro grito por no poder resistirme y asustarle por detrás (su escritorio estaba de espaldas a la puerta).

En conclusión, mis queridos lectores:

Vivir con un historiador puede ser una aventura (no a lo Indiana Jones, no le digáis eso a un historiador que le peta la vena).

Si alguna vez pensáis salir con un historiador tenéis que saber que:

  • Las librerías son sagradas.
  • El dinero es importante (para comprar libros).
  • Vuestras charlas serán muuuucho más didácticas.
  • Deberéis asignar una habitación de vuestra casa EXCLUSIVAMENTE para guardar libros.

Pero si tenéis la suerte de encontrar a una persona tan buena y maravillosa como lo hice yo, nada de esto será un problema en vuestra vida.

¡Nos vemos en la siguiente entrada! I purple you~~💜

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-Hana